FEAST DAYS WITH BISHOP SKIP | HOLY CROSS DAY


“And I, when I am lifted up, will draw all people to myself.”  John 12:32

John’s Gospel understands Jesus’ self-offering on the cross as his exaltation.  Thus he is “lifted up” as on a throne.  An instrument of death that was meant to be a political statement of Rome’s power, that was meant to humiliate and destroy, becomes in the hands of God an invitation of total love, mercy and forgiveness.

Today’s feast presents us with an opportunity.  We can, once again, claim our center as we are reawakened to the glory of the cross.  It is there we discover the definitive statement of who God is in his very nature—the desire to draw all people to himself.  In that act on the trash dump of Golgotha of all places, is a proclamation of pure love.

Do not mistake this for a passive God who is waiting for us to find him.  Jesus taught us of a God who will not stop searching until we are found.  God’s passion is you.  Too often in history the Church has done a lot of grumbling about “sinners.”  Nothing new there. Welcome to humanity.  God’s emphasis, however, seems to be unmitigated joy by partying with us as we are found.  So it is that we celebrate Eucharist.

The cross-event reveals with stark clarity the very nature of the activity of the divine love and manifests its character as directed to the welcome of all people.  No exceptions.  It is through the cross that we learn that God is love.  The Letter to the Philippians, as it echoes Isaiah, understands the cross as the reclaiming of the universe to God’s sovereignty and glory.  It is for the healing of the nations.  It is also the vindication of Jesus who refused to regard equality with God a thing to be exploited, placing himself at the divine disposition.

As in Jesus, so it is our call to give ourselves to the obedience of God’s self-offering, demonstrating our willingness as God’s people to empty ourselves, take on the form of a servant, lay down our life in order to give life, all out of a deeply developed and tended existence flowing from a relationship with the living Christ.  The cross shows us that the way to God is the way of self-giving love.   The way of God’s love is the way of the cross, drawing all people to God’s very self.

Bishop Skip

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“Y yo, si soy levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo”.  Juan 12:32

El Evangelio de Juan entiende la autooferta de Jesús en la cruz como su exaltación.  Así, es “elevado” como en un trono.  Un instrumento de muerte que debía ser una declaración política del poder de Roma, que debía humillar y destruir, se convierte en manos de Dios en una invitación al amor total, a la misericordia y al perdón.

La fiesta de hoy nos presenta una oportunidad.  Podemos, una vez más, reclamar nuestro centro mientras nos despertamos de nuevo a la gloria de la cruz.  Allí descubrimos la declaración definitiva de quién es Dios en su propia naturaleza: el deseo de atraer a todas las personas hacia sí mismo. En ese acto en el basurero del Gólgota de todos los lugares, hay una proclamación de amor puro.

No confundas esto con un Dios pasivo que está esperando a que lo encontremos.  Jesús nos enseñó a un Dios que no dejará de buscar hasta que nos encuentren.  Tú eres la pasión de Dios.  Con demasiada frecuencia en la historia la Iglesia ha refunfuñado sobre los “pecadores”.  No hay nada nuevo ahí. Bienvenido a la humanidad.  Sin embargo, el énfasis de Dios parece ser una alegría sin mitigar al festejar con nosotros mientras nos encontramos.  Así que celebramos la Eucaristía.

El acontecimiento de la cruz revela con toda claridad la naturaleza misma de la actividad del amor divino y manifiesta su carácter dirigido a la acogida de todos los hombres.  Sin excepciones.  Es a través de la cruz que aprendemos que Dios es amor.  La Carta a los filipenses, tal como se hace eco de Isaías, entiende la cruz como la recuperación del universo a la soberanía y gloria de Dios.  Es para sanar a las naciones.  Es también la reivindicación de Jesús, que se negó a considerar la igualdad con Dios como algo a explotar, poniéndose a disposición divina.

Como en Jesús, así es nuestro llamado a entregarnos a la obediencia de la autooferta de Dios, demostrando nuestra voluntad como pueblo de Dios de vaciarnos, adoptar la forma de un siervo, poner nuestra vida para dar vida, todo a partir de una existencia profundamente desarrollada y tendida que fluye de una relación con el Cristo vivo.  La cruz nos muestra que el camino a Dios es el camino del amor autoentregado.   El camino del amor de Dios es el camino de la cruz, que atrae a todas las personas hacia Dios.

Obispo Skip